La igualdad de género, gota a gota

La igualdad de género, gota a gota

Los proyectos de desarrollo rural y la seguridad alimentaria nos sirven de plataforma para introducir cambios en materia de igualdad de género. Como vamos a ver a continuación el éxito de los cambios no es inmediato, sino que recuerda a un sistema de riego por goteo: constante, lento, sútil, pero eficaz al fin y al cabo. ¿Cómo lo logramos?

1. El reconocimiento de una situación de mayor poder de los hombres en el ámbito rural

El huerto para dar más poder a las mujeresUna intervención centrada de manera exclusiva en la igualdad de género y los derechos de las mujeres resulta imposible de entrada. Primero, se necesita acceder a una posición desde la que negociar cuotas de poder, algo que se consigue apoyando a las asociaciones de hombres y trabajando previa o paralelamente otros aspectos. La horticultura se adapta a la perfección a su papel de puente .

En primer lugar, porque contribuye a reforzar la figura de la mujer a través de la generación de ingresos. Los hombres basan su poder en la independencia económica, así que una mujer, con recursos propios, tiene la posibilidad de tomar decisiones clave, como, por ejemplo, la frecuentación de los centros de salud o el pago de  la escuela para los/las hijos/as.

Además, la horticultura hace más visible la contribución de la mujer a la familia y la comunidad, y con ello aumenta tanto su valoración social como su capacidad de negociación dentro de la aldea.

2. Medidas de empoderamiento de las mujeres: alfabetización, vida asociativa y títulos de propiedad

Alfabetización, vida asociativa y títulos de propiedadOtro de los argumentos manejados en el seno de las comunidades por el que la mujeres son relegadas en la toma de decisiones, en particular sobre la economía familiar, es que no son capaces de llevar las cuentas ni de gestionar actividades.

Con respecto a la alfabetización, desde 2009 el Movimiento por la Paz ha alfabetizado alrededor de 400 mujeres a través de su socio local, la Asociación de Formadores en Lenguas Nacionales o AFLN. AFLN divide su programa de alfabetización en dos fases: la fase inicial en la que se enseñan nociones básicas de cálculo y lectura, y la fase avanzada, que permite la lectura de frases completas. La consecución de la fase inicial es todo un logro, ya que aprender cálculo es fundamental para la actividad hortícola y productiva en general. Los conocimientos adquiridos les permite calcular la producción cosechada, la producción vendida y los ingresos obtenidos. También llevar bien las cuentas de la asociación y abrir cuentas bancarias, lo que supone mayor control sobre sus ahorros y de esta manera, mantenerlos fuera del alcance de los maridos.

La importancia de las asociaciones o “ton” para el avance de las mujeres en el mundo rural es clave, ya que se trata de los únicos grupos de pertenencia que no están formalmente acaparados por los hombres. Un programa de formación en vida asociativa sensibiliza sobre la necesidad de que funcionen de un modo transparente y participativo, y da pautas para ponerlo en práctica. La conflictividad en las asociaciones que gestionan los huertos ha disminuido, ya que las mujeres cuentan cada vez con más instrumentos de resolución de conflictos. El objetivo es que renuncien al mecanismo tradicional que es “llamar a un hombre”, si bien esto no es fácil de conseguir.

Existe otra desigualdad entre sexos de capital importancia para la seguridad alimentaria: la falta de acceso de las mujeres a la tierra. La cuestión del régimen de propiedad de tierras en África es altamente compleja. Aunque en los sistemas jurídicos formales suele estar reconocido el derecho de las mujeres a poseer tierras, en la práctica del mundo rural esto no es considerado deseable socialmente. Existen algunas supersticiones como, por ejemplo, que la mujer que posee tierras se vuelve estéril. Por lo que estamos empezando a promover que los huertos pasen a constituir una propiedad formal de las mujeres.

3. El trabajo con los hombres y con las personas influyentes como método clave

Derechos sexuales y reproductivosEl trabajo con los hombres es muy necesario y también efectivo. Está demostrado que las sociedades rurales, y más concretamente, los hombres y las personas influyentes en ellas, no son del todo insensibles a argumentaciones si éstas se insertan dentro de su sistema de valores, que, en definitiva, se orienta a la consecución de una mayor prosperidad y a la disminución de la pobreza.

Este es el modo que hemos encontrado para conciliar la posición tradicionalista y progresista sobre los derechos de las mujeres.

Uno de los aspectos clave de la discriminación de las mujeres en la sociedad del Kaarta es la creencia de que el principal destino de las mujeres es ser madres. Esto es muy común en sociedades donde la colectividad y su mantenimiento es lo más importante; se trata de etnias que han tenido que pugnar con otras etnias por el control del territorio, y donde los hijos constituyen la fuerza de trabajo y el sistema de seguridad social del futuro.

Esta visión casi unidimensional del destino de la mujer como madre provoca una serie de discriminaciones de alto calado para la vida de las mujeres como la mutilación genital femenina, el matrimonio precoz o la salida precoz de la escuela. En definitiva, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres se encuentran en el centro de la discriminación.

En 2011 iniciamos con financiación de Europeaid un proyecto para erradicar la mutilación genital femenina, pero que también aborda el matrimonio precoz y el derecho de las mujeres a la educación. Mediante animadores locales especializados que dominan los códigos culturales de la sociedad maliense buscamos el apoyo de hombres influyentes que, junto con las autoridades sanitarias y educativas de la zona, actúan como agentes multiplicadores del conocimiento y de los mensajes.

Texto elaborado por Alicia Fernández, responsable país Malí en el Movimiento por la Paz, y extraído de Tiempo de Paz, la revisa monográfrica del Movimiento por la Paz.

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